18 de abril de 2014

Pedagogía: Definición, métodos y modelos



A partir de la definición de la pedagogía como una actividad humana sistemática que orienta las acciones educativas y de formación, se plantean los principios, métodos, prácticas, maneras de pensar y modelos que son sus elementos constitutivos.

 El término “pedagogía” a menudo es mal comprendido, él designa un campo de conocimientos y de acciones cada vez más complejo. Destinada a los niños o a los adultos, la pedagogía cuenta con una competencia técnica y profesional y constituye un principio de estudio e investigación. Ella no se reduce, como se entiende a veces, a un saber hacer compartido por todos o a un quehacer infantilizante. Nuestra sociedad desarrolla cada vez más “organizaciones aprendices”. Formación, información y saber están en el centro de las principales dinámicas sociales y hacen de la actividad pedagógica cada vez más un asunto estratégico. Acaso, ¿Nuestra sociedad no se vuelve pedagógica?

La pedagogía tiene por objeto el aspecto sistemático de la actividad humana conductora de las acciones educativas y de formación. Como toda actividad humana, tiene sus principios y sus métodos; define una función humana, describe una conducta específica, socialmente construida, principalmente en la escuela y en las instituciones formadoras. La pedagogía participa en los cambios y evoluciones a las que estamos asistiendo; sin embargo, la pedagogía tiene también su propia historia y su propia cultura: la de las prácticas, la de las maneras de pensar y la sus propios modelos. Ella contribuye a la profesionalización del oficios del profesor.



Pedagogía y escuela


1. 1. La pedagogía, el hecho y su estudio

“La Pedagogía no es una ciencia, ella no tiene el derecho de ser paciente”, afirmaba Durkheim (1925). Pero, agregaba, “ella tampoco es un arte: nosotros no hubiéramos fácilmente confiado una clase ni a Montaigne ni a Rousseau.” La pedagogía sería entonces un asunto intermedio entre el arte y la ciencia: “Ella no es el arte, porque no es un sistema de prácticas organizadas, sino de ideas relativas a esas prácticas. Es un conjunto de teorías; (...) las teorías pedagógicas tienen por objeto inmediato guiar la conducta.” Durkheim, muestra la relación fundadora de la teoría y la práctica para la pedagogía, definida, en su naturaleza mixta, como “teoría/práctica”. Si bien, la expresión no da cuenta absoluta del pensamiento pedagógica, explica la problemática: “la problemática, decía él, no es otra cosa que la reflexión más metódica y la mejor documentada posible, puesta al servicio de la práctica de la enseñanza.” Esta naturaleza mixta, este saber termina expresándose en un solo término: “pedagogía”, que designa para una actividad el hecho de su estudio:

- el hecho pedagógico está constituido por el trabajo pedagógico, unidad funcional de tareas, de roles, de competencias y de saberes utilizables. Profesor y estudiante, formador y formado, adulto y niño, saberes y aprendizajes, escuela y clase, etc., son las modalidades observables, la pedagogía visible. El trabajo pedagógico es tanto del profesor como del estudiante. Enseñar no define sino la parte, el punto de vista del profesor. La pedagogía, supone enfrentar también la parte del alumno. Ser “pedagogo” (o más justamente hacer acto de pedagogía) consiste así pues, en situarse en la lógica de una acción contextualizada: por ejemplo enseñar a los alumnos en un establecimiento escolar, pero también en otros contextos posibles asociados al desarrollo de la actividad social misma (ampliación de la escolaridad, formación profesional, educación continua, etc.). Estos contextos y la diversidad de situaciones posibles hacen del hecho pedagógico un conjunto cada vez más complejo tanto al nivel de los medios, de los métodos como de las organizaciones. Este rasgo está marcado por la relación entre la pedagogía y los modos sociales de formación;

- el estudio pedagógico tiene por objeto las representaciones y las coherencias pensadas o inducidas por esta actividad. Del hacer se pasa al cómo hacer y al porqué. El estudio pedagógico es la parte de la concepción (implícita o explícita, cultural o profesional) de la pedagogía. Destaquemos aquí los principios de su funcionamiento: porqué o cómo esto marcha o no marcha. Así la pedagogía, concebida como la dimensión del análisis de las acciones, es también objeto de investigación. Lo que supone una ruptura significativa con la manera como el sentido común define el término.

Entre estas dos modalidades, en un ir y venir entre pensar y hacer, la actividad pedagógica se define por este conjunto pensar y actuar. No existe pedagogía sin práctica. Pero no existe práctica pedagógica sin práctica consciente y controlada, fundada sobre la coherencia de un principio que la organiza y la explica. No se puede hacer todo. La pedagogía es a la vez una implicación y una explicación, esto da cuenta de un modelo, manera de pensar que procede tanto de la idea como de la realidad.

No se puede hacer todo. La pedagogía es a la vez una implicación y una explicación, esto da cuenta de un modelo, manera de pensar que procede tanto de la idea como de la realidad.
En el campo práctico, con mucha frecuencia el profesor (o formador) apela a la pedagogía para encontrar una receta, para gestionar mejor el cara a cara con los estudiantes, o responder a sus propios interrogantes: “<<Qué debo yo hacer para “sostener” mi clase? Cuales técnicas emplear?>> El alumno pregunta también como hacer. La pedagogía no es ni receta, ni saber revelado. Debe ser considerada como un saber profesional, informado, que requiere cada vez más de conocimientos técnicos y prácticos. La cuestión pedagógica es aquella de la organización y la elucidación de una actividad concebida y orientada relacionando pensamiento y acción, pero también es la cuestión de su dominio. Ahora bien, es también la escuela (las escuelas, cada nivel de enseñanza tiene su propia lógica) como establecimiento de agenciamiento de los estudios y las enseñanzas, constitutiva de la actividad pedagógica. Los aprendizajes escolares, el principio (ahora discutido) de una enseñanza como sola disposición pedagógica, las hipótesis prácticas sobre el trabajo escolar, sobre el trabajo del alumno, etc., todos estos aspectos funcionales corresponden a los modelos pedagógicos, en tanto herramientas de trabajo como principios de acción y en consecuencia doblemente formadores. Ahora bien, preguntémonos: “¿Quién ha inventado la escuela?”.

Las prácticas vividas, los métodos utilizados (el dictar o orientar un curso) tienen su razón, la de los modelos pedagógicos. Las figuras emergentes de enseñar y aprender no son sino los principios observables. La pedagogía, sus funciones sociales y culturales, sus principios teóricos y prácticas, sus referencias históricas y críticas, se constituyen, así como lo subrayaba Durkheim, en un principio evolutivo de las acciones de formar, de enseñar, de aprender, y sus modelos contextualizados de realización. El pedagogo, en la Grecia antigua, era el esclavo que conducía (paidagôgos) el niño al maestro de la escuela. El maestro no tenía, así parece, necesidad de ser pedagogo. El se convierte enseguida en el “maestro que se da al cuidado de instruir y de gobernar un escolar, de enseñarle la gramática y de estar atento a sus acciones.” (Furetiére,1690). En tanto que disciplina de acción, la pedagogía se ha convertido en una problemática de la decisión, que se debe comprender y controlar de la mejor manera posible.

La parte de la pedagogía, los conocimientos y las referencias que son propias de esta problemática, son cada vez más importantes, por diversas razones: la extensión de los conocimientos, la elevación de los niveles de competencias necesarias, el movimiento social de profesionalización de los quehaceres relacionados con la formación. Se debe siempre aprender más, o de manera diferente, y entonces aprender más sobre su actividad, se convierte en un principio activo. Así, la actividad pedagógica toma su lugar entre las actividades humanas esenciales. Pero, para ello es necesario saber aceptar sus permanencias y cambios.



1.2. Pedagogía, socialización y escuela

Durkheim subrayaba también que la actividad pedagógica es una actividad de “socialización” y una actividad social. Como socialización, ella concierne, en un mismo proceso, a la construcción individual y a la organización de una sociedad; como actividad social, ella extrae de esta sociedad los modos de pensamiento que constituyen su coherencia. La actividad y su objeto están de esta manera ligados. Este doble fundamento de la pedagogía, crea una relación dinámica entre actividad social y principio educativo.

La actividad social se construye progresivamente alrededor de instituciones, de un “sistema educativo” y de profesiones (principalmente las del profesor y del formador). Se transforma en la escala de la sociedad, cada vez más elaborada y compleja , apelando a los dispositivos multiformes que van desde el jardín infantil a la universidad y a la formación de adultos. Un sistema de conocimientos especializados aparece entonces en relación con el mecanismo mediante el cual se transmiten los elementos de saber y de cultura escogidos por esa sociedad.

Bajo la forma más concreta, la pedagogía surge esencialmente de la escuela, pero no exclusivamente; y claro está, no siempre ha sido de esta manera. La pedagogía interpela a veces a la escuela, es su dimensión crítica. Una unidad cultural y funcional de la pedagogía se construye progresivamente alrededor de la escuela, sin que sea posible confundirlas completamente. Es de esta convergencia que surgen los roles del profesor y del estudiante. La escuela organiza sistemáticamente el encuentro del estudiante con los saberes, apuesta por la construcción de su propia identidad social y cultural. En la “escuela”, porque se dice que hay “escuela”, allí donde este encuentro está organizado, profesores y estudiantes se vuelven a encontrar en un establecimiento, unidos en la realización de esta actividad. Hay entonces pedagogía de escuela, pedagogía escolar. La escuela, el profesor, el alumno, los padres, la clase, los saberes, la organización escolar, tales son los componentes visibles de la actividad pedagógica en nuestras sociedades.

La lógica de los saberes se acompaña de la lógica de la construcción mediatizada por las estructuras cognitivas que permiten el descubrimiento y la organización.
En la situación particular de una clase y de una escuela, y con la necesidad de articularlas en la práctica individual y colectiva, el objeto de la pedagogía se ha vuelto principalmente el del funcionamiento de los saberes. La lógica pedagógica, en esta relación entre la escuela, el profesor y el estudiante, define las condiciones de la puesta en marcha de las actividades escolares propiamente dichas para realizar este proyecto. La escuela es aquí, en varios aspectos, fundadora. Se puede aprender sin escuela, pero la mayor parte de los “aprendizajes” no son realizados más que por su escenificación escolar: ¿donde encontramos el teorema de Pitagoras? Acaso, sin la obligación escolar –porque se deben llamar de esta forma, sin que esto sea peyorativo - una variedad de disciplinas , matemáticas, física, literatura, historia, filosofía, etc., nos serían dadas como saber? Una cosa es amar o no a las matemáticas; otra cosa es la de nunca haber podido estar informado e instruido. En consecuencia, la expresión “aprendizajes escolares” designa la puesta en escena escolar de una conjunción entre aprender, aprendizaje y saber; que es apropiada a la escuela, a sus objetos, a sus métodos y a los efectos de sus métodos; otros saberes, otras formas de aprendizaje existen, pero no tienen necesidad de escuela. Así, la pedagogía escolar trata de los saberes que tienen necesidad de la escuela.

El significado de los términos “aprender” y “enseñar” es atribuido, y se puede hallar su origen. Se puede concebir la actividad del profesor o del alumno de manera aislada. En nuestra sociedad, hasta ahora, solo la escuela puede ofrecer el abanico de posibilidades para aprender. Ella presenta al alumno un conjunto ordenado de saberes (no solamente disciplinares) requeridos para una cualificación sabia, cultural, social. Simultáneamente las actividades específicas necesarias para su adquisición no son realizables sino en la escuela. Del aprendizaje de la escritura a las disciplinas, la escuela organiza esta relación con los saberes y las actividades indispensables para su adquisición generalizada. La escuela (este término genérico reagrupa signifi-cativamente la escuela primaria, el colegio), es también el lugar social y funcional de la escenificación pedagógica y de una cultura escolar de saberes: “Es a la escuela la que le incumbe de hacer aparecer la unidad de aprendizajes y no a los estudiantes de adivinarla.“ (Ministere de l´education, 1995).

El debate sobre la pedagogía y sobre la escuela históricamente han convergido. La escuela tiene varias funciones, educativas, culturales y sociales, que hacen parte en la problemática pedagógica. “Aprender”, indica tanto las reglas de vida en la clases, la relación que mantienen los estudiantes y los profesores y los alumnos entre sí, la comunicación escolar, así como la gestión del trabajo de los alumnos, como del saber. La problemática de la articulación entre objetos sociales y objetos de aprendizaje escolares , que no muestran forzosamente o exclusivamente las disciplinas académicas, es también asunto de la pedagogía.



1.3. Pedagogía y saber

Existe un lazo cultural, funcional, y quizás fundador, entre pedagogía y saber. La cuestión pedagógica apareció y permanece atada al desafío de su transmisión y de su construcción. El principio de una pedagogía escolar (y el proyecto de escuela) se sitúa entre ignorancia y saber(es). El derecho al saber es el principio central de la ley francesa de educación (1989). Al respecto se puede distinguir:

- de una parte, los saberes, es decir el conjunto de conocimientos (principal, pero no exclusivamente, según las disciplinas), tal como son enseñados en la escuela;
- de otra parte, el saber, como bien propio (sustantivo: tener, adquisición) y acción singular (verbo: yo se o yo no se). Para Legroux (1981): “El conocimiento se construye y se confunde con la identidad de la persona; él corresponde al orden del ser. El saber es el sistema interferencial entre la información y el conocimiento; está constituido por las informaciones que se relacionan entre sí, luego también en relación con la persona.”

La relación de la pedagogía con los saberes es examinada en el marco de las disciplinas por la corriente didáctica. La pregunta didáctica señala la nueva importancia que se le da al análisis de contenidos en la enseñanza. Ella constituye el “núcleo cognitivo” de la pedagogía, cuando estudia los procesos de transmisión y de transformación en la actividad pedagógica relativa a un dominio disciplinar específico. La actividad de “didactización” de la pedagogía es un eje de organización y de dominio de la actividad pedagógica. Ella corresponde a la vez a una evolución y a una interrogación.

En esta relación de saberes y saber, las maneras de aprender y los procedimientos de enseñanza tienen su propia lógica. Lo que puede suponer una parte común en las maneras de enseñar e incluso en las materias a enseñar. Una reflexión sobre las meditaciones y sobre la comprensión tiene por objeto, según Britt-Barth (1993), desarrollar los procesos mismos por los cuales el saber se elabora en aquel que aprende: “Las capacidades de adquirir, de utilizar y de crear un saber llegan a ser entonces tan importantes como los saberes adquiridos.” Este cambio de actitud resultaría de una evolución histórica, confirmaría las intuiciones de la corriente de educación denominada la Educación Nueva; y se inscribe en el desarrollo de las teorías del aprendizaje. El aprender es siempre contextualizado por un saber: el contenido no es indiferente. Pero debe ser relacionado con las condiciones de su surgimiento: “El formador debe saber modelar las maneras de pensar y de razonar en un dominio de conocimientos porque estos lo constituyen tanto como su contenido.” (Britt-Barth, 1993). La lógica de los saberes se acompaña de la lógica de la construcción mediatizada por las estructuras cognitivas que permiten el descubrimiento y la organización.

La pedagogía encuentra en su contextualización escolar el problema del saber bajo la forma de la elucidación y de la instrumentalización de las relaciones con los saberes. La constitución de la actividad pedagógica encuentra su sentido de relación dinámica entre pensar y hacer, compartida por todas las acciones que tienen por objeto esta construcción.



2. La pedagogía entre métodos y modelos

2.1. El método en pedagogía

La problemática del método juega un papel central en la pedagogía. La pedagogía es sinónimo de “método” como modo organizado y consciente de prácticas, regularidad implícita o explícita de mecanismos de acción, de un hacer y de un como hacer. Numerosos métodos tienen lugar o han hecho carrera en pedagogía: el inventario aquí es imposible. Cada momento o modelo pedagógico ha tenido por objeto la definición, la justificación o la invención de métodos. ¿Cuál es su estatuto, su papel práctico y teórico? El método es, etimológicamente, lo que permite acceder al lugar que se busca: es el camino (odos, “ruta”) que permite atravesar (meta, “a través”). El sentido de un “método” es aquel de un andar y de un paso o gestión, del seguimiento finalizado y organizado de una actividad sobre un camino que permite encontrar. El método depende a su vez del hacia donde se tiende y del camino que allí conduce: él es camino y marcha. Se sigue un método como se sigue una pista. Un método no es el resultado o el medio seguro de producir un resultado, y en consecuencia una solución preestablecida, sino una manera de comprometer las prácticas concebidas. La idea general de una regla a seguir, de un orden al cual se debe conformar, está en el centro de la acción pedagógica. Este orden puede ser una simple regla de saber-hacer, una invención práctica (la “clase” como enseñanza simultánea), una herramienta técnica (como el texto escolar, la imprenta escolar), una receta o un consejo (lo que debe hacerse y lo que no debe hacerse), o una regla general (“tener autoridad”), todos estos elementos pueden ser empleados coherentemente en un modelo (ver por ejemplo el sentido que le da a la imprenta en la escuela Freinet, siguiendo a Decroly).

No se aplica un método: se sigue, o se le pone en marcha como un modo de realización. El es, simultáneamente, procedimiento y concepción del hacer (los enunciados del método “natural”, o del texto “libre” ilustraran este relación). Los métodos no son más que guías, los organizadores del trabajo pedagógico (profesor y estudiante). Escoger un método, es hacer un plan: esto no exime del recorrido y no lo substituye).

Todos los métodos en pedagogía no son métodos pedagógicos, si se considera que la pedagogía también puede administrar el sistema de enseña solamente desde su interior. Así, las metodologías por objetivos, la evaluación, la gestión de proyectos alrededor del principio de la pedagogía de control, proponen herramientas y pasos de gestión y de organización de la actividad pedagógica más allá de las maneras de enseñar y de aprender.



2.2. Los polos metódicos

Un método en pedagogía se presenta como una organización de los objetos, de la actividad de la enseñanza, de los modos de trabajo de los alumnos y, con los alumnos, y de las bases de este trabajo. El método coordina el conjunto de disposiciones que un profesor prevé para sus intervenciones y el camino a recorrer por sus estudiantes. Para Peretti (1987), los métodos pedagógicos se constituirían alrededor de ocho polos metódicos (paradigmas) que representan, a manera de síntesis, las diferentes proposiciones metodológicas y sus autores:

1o. la tecnología, este polo hace énfasis sobre el sometimiento de la enseñanza y el aprendizaje a los medios materiales. Para Freinet, las técnicas son los verdaderos soportes de los métodos. La imprenta, al someter el trabajo de los niños a las exigencias técnicas en su realización, se convierte en un principio activo. Se definirá una ingeniería pedagógica, asociada a las nuevas necesidades en materia de enseñanza: documentación, enseñanza a distancia, etc.;

2o. el dominio de operaciones intelectuales. técnicas o materiales. Por ejemplo, la pedagogía montessoriana reposa sobre el “manejo libre de un material complejo” que permite al niño alcanzar los “saberes dominados”. El “pensar” es actuar” anunciado de Piaget, que sitúa la dirección y las múltiples vías que definen una dirección: imitación, repetición, intuición, conceptualización o simulación. La diferenciación de los modos de pensamiento, de los “regímenes intelectuales”, de los estilos de aprendizaje, podrá encontrar aquí una responsabilidad metodológica;

3o. las acciones, entrañan la acción motivada de adquisición de conocimientos. Acciones y situaciones están en el centro de los métodos activos. Estos pueden ser considerados a priori (por ejemplo bajo la forma de centros de interés por Decroly), en interacción con un medio, según el principio de la acción reflexiva, como actividad social (por ejemplo la cooperación en la escuela, o aún como proyectos);

4o. el desarrollo de las relaciones, entre maestros y alumnos, pero también entre éstos (enseñanza “mutual”, tutorías entre alumnos, trabajo en grupos, expresión, etc.). Rogers (1960), describe las condiciones de un aprendizaje en los modos de comunicación interpersonales;

5o. la consideración de las representaciones: aparece necesaria para situar las nuevas nociones, tener en cuenta las representaciones espontaneas de los alumnos, las “concepciones” de los alumnos, como lo han mostrado Giordan y de Vecchi (1987). Este tomar en cuenta es también el de la diversidad cultural; el trabajo sobre las representaciones se esfuerza por constituir las condiciones de la recepción y de la asimilación de los saberes;

6o. la expresión: constituye el polo metódico de la producción personal de los alumnos, del dominio del lenguaje en el contexto (social o/y cognitivo) e inclusive en el proyecto del alumno. El tema rogeriano del “aprendizaje significativo” (además “vivenciado”) puede ser aquí citado, así como las variadas situaciones de expresión en Decroly, o en Freinet (trabajo de expresión libre alrededor de un texto, organización social de la clase, etc.);

7o. la cultura: es uno de los ejes fundamentales de la pedagogía “tradicional, que permanece asociado a cualquier pedagogía. Según una expresión de Metz, no se enseña más que la cultura, y esta aparece como un sentido compartido (por ejemplo bajo la forma de una cultura científica), cultura de la apropiación (proyectos de acción cultural), como fundadora de una universalidad (humanismo en Alain), o al contrario cultura que separa (Bourdieu, 1980);

8o. los saberes: objetos declarados de la enseñanza, constituyen un eje metódico fuerte, que como hemos visto ya está estrechamente relacionado con la problemática pedagógica. Diferentes concepciones de las relaciones con el saber, de su naturaleza y de su gestión, darán un sentido a los métodos.

Un método en pedagogía se presenta como una organización de los objetos, de la actividad de la enseñanza, de los modos de trabajo de los alumnos y, con los alumnos, y de las bases de este trabajo.
Estos elementos metódicos no son compartimientos preestablecidos e independientes los unos de los otros, sino los descriptores y las variables compartidas por varios enfoques pedagógicos. Solo un conjunto de ellos puede caracterizar la manera como un modelo pedagógico se realiza. No se pueden considerar los métodos por sí mismos, aislados o a priori.



2.3. Enseñar: experto, métodos o estilos de enseñanza

¿Si los métodos son las referencias de la organización de la actividad pedagógica, constituyen éstos la lógica de las prácticas de enseñanza? En este sentido, se puede distinguir las representaciones que se hace el profesor de un método (concebido como real o ideal) y su realización en la conducción de una clase, adaptada a la personalidad y a las particularidades de los alumnos.

“¿Cómo enseñan los profesores”?. Para responder a esta cuestión, a menudo se considera a menudo que el profesor no ejecuta un programa sino que se emplea en conducir una interacción entre métodos y prácticas, según los principios de “improvisación experta” (Tochon, 1993).

Otros estudios, consideran los estilos de enseñanza formal o informal, directiva o no directiva, o aún más, los estilos de conduccción (autoritario, democrático o el dejar hacer) ilustrados por los trabajos pioneros de Lewin (1973); así se describe el estilo de enseñanza como “la manera dominante y personal de ser, de entrar en relación y de realizar la enseñanza” (Altet, 1988). Los tipos de práctica, las variaciones, la distancia entre los discursos y las prácticas reales muestran la dificultad de clasificar las conductas de enseñanza. Estas no se confunden con los métodos, pero están en relación con éstos en el seno de la realización de los modelos pedagógicos.

En materia de decisiones, Postic y Ketele (1994), traen a colación los trabajos de S. N. Bennett, para plantear seis dimensiones de observación del estilo del profesor, a saber:

1. La manera de organizar la clase;
2. El grado de control social y las eventuales funciones que le corresponden;
3. El tipo de contenido y de planificación del programa de estudios;
4. Las estrategias de instrucción;
5. Las técnicas de motivación; y,
6. Los procedimientos de evaluación.

Es observando los modelos de trabajo del alumno, que se infieren de estas dimensiones, y por la combinación de estos elementos, como se pueden reconstruir doce estilos multidimensionales de enseñanza que presentamos aquí parcialmente, y que van desde el más liberal hasta el más “tradicional”:

- Estilo 1: los alumnos escogen libremente sus lugares, las tareas de trabajo individual o en grupo, trabajo que es no es evaluado cuantitativamente;

- Estilo 2: los alumnos no seleccionan sus lugares; pueden hablar libremente, desplazarse, escoger sus tareas; las notas son poco frecuentes;

- Estilo 3: la principal manera de enseñanza es frontal recurriendo al trabajo en grupo; las notas y los trabajos en casa no son frecuentes;

- Estilo 4: el tiempo se organiza en materias separadas; los profesores permiten regularmente los trabajos individuales o en grupo sobre temas seleccionados; tests y calificación son frecuentes;

- Estilo 5: los tiempos están organizados de forma alternativa: la manera de trabajo preferido es el de grupo, a iniciativa del profesor; los tests son numerosos; el profesor organiza las actividades fuera de la escuela;

- Estilo 6: las materias están separadas y el trabajo en grupo es sistemático: poco trabajo individual, ejercicios para calificar se le plantean a los alumnos;

- Estilo 7: las materias están separadas y el trabajo individual controlado; la calificación y los tests son escasos;

- Estilo 8: las materias están integradas, la enseñanza es frontal y el trabajo individual especificado; los alumnos tienen poca libertad de movimiento. El profesor organiza las actividades escolares fuera de la escuela;

- Estilo 9: el maestro recurre masivamente al trabajo individual por materia; los lugares son atribuidos por nivel de aptitud; el control es estricto, la calificación y recompensa son poco empleados;

- Estilo 10: la enseñanza es frontal y los trabajos en grupo especificados; el control es estricto; el profesor da las castigos y las recompensas; los tests y los controles son sistemáticos;

- Estilo 11: la enseñanza es organizada por materias separadas, algunos trabajos fijados por el profesor se hacen en grupo; la única escogencia permitida es la del lugar; el control es constante;

- Estilo 12: las materias están comparti-mentadas, la enseñanza es frontal y el trabajo es individual; la selección, la palabra y los desplazamientos están controlados; los tests, la calificación y las recompensas son masivamente practicadas.

En una aproximación diferente a la de los profesores en situación, Gayet (1995), describe las estrategias <<dispensadas, ignoradas (los saberes que no han sido todavía vistos), corrosivas (puestas en duda de todos los conocimientos de los alumnos), pendientes (“cueste lo que cueste” de los profesores. Claro, estas son muy distintas de los métodos propiamente dichos.>>.

Por diferentes razones los estilos, los modos de conducir las actividades e inclusive las estrategias de los profesores están asociadas a los métodos, sin llegar a confundirse con ellos. Cuando se pone en marcha el método interactua con la lógica individual del profesor. Los elementos metódicos y el estilo de enseñanza se consideran entonces de manera separada, pero dentro de un conjunto más amplio.



2.4. Aprender: el método también

Cousinet ha insistido sobre el hecho de que los métodos de enseñanza y los métodos de aprendizaje constituyen dos variables dependientes pero no superpuestas del trabajo pedagógico. Si los métodos constituyen los modos de trabajo y los principios comunes en la clase, el método del alumno no es nunca el del maestro, salvo, quizás, de manera ideal, en un modelo formal de enseñanza como el que presenta Herbart. La diferencia entre los dos, que por cierto el modelo formal intenta resolver, es el lugar y el principio dinámico del sistema pedagógico. Una cosa es concebir el trabajo del profesor y describirlo, otra es identificar (y no sobreponer) los métodos correspondientes del trabajo del alumno. La pedagogía es también un “oficio de alumno” (La Borderie, 1991). La educación nueva vuelve a ubicar el concepto de método alrededor del funcionamiento del alumno. Los métodos de trabajo personal se convierten en medios y objetos de aprendizaje sistemático, según los principios de creciente autonomía.

Las capacidades metodológicas, objetos de aprendizaje, sitúan el trabajo escolar como una manera de hacer a adquirir, que se logra dentro de un complejo de actividades. En este contexto, el trabajo del alumno es una articulación decisiva del funcionamiento del sistema pedagógico. En su constitución, el alumno participa del mismo modelo de trabajo que el maestro, pero no en la misma tarea. Para Meirieu (1990), <<integrar la dimensión metodológica de cada actividad, explicitarla en el desarrollo de la clase, es, de alguna manera, “desnaturalizar” el método a los ojos de los alumnos, restituirle su verdadera cualidad de mediación que lo hace cuestionable. En estas condiciones, el tiempo empleado para el asunto metodoló-gico no se dedica al tiempo de los saberes, este tiempo constituye un cuerpo con el saber, hasta el punto de que es imposible de trazar una frontera entre ellos. Porque, entonces, ¿cuando se aprende verdaderamente?>> El lugar (en un tiempo y un espacio metodológico) de los métodos de trabajo para el alumno podrá ser observado en el seno de los modelos pedagógicos. Es la parte del alumno tanto como la de los profesores la que es definida por los métodos, implícita o explícitamente, en el vacío del enunciado que en ocasiones generan los profesores. Es en esto que la pedagogía es una cuestión de método, no como regla de conducta preprogramada, predefinida, sino como articulación entre los comportamientos, los estilos, las acciones, las expectativas del trabajo pedagógico, el trabajo compartido.

Una relación organizada existe en pedagogía allí donde concurren los métodos, conductores de prácticas, búsquedas de principios de hacer; y los modelos, a la vez, principios fundadores y reguladores, búsquedas de modos de pensar.



2.5. De los métodos a los modelos

Para dar cuenta de las prácticas, de los métodos de los profesores, de los estudiantes o alumnos, y de la relación que los une y les da coherencia, se debe buscar el modelo, la dimensión pedagógica, es decir su modo de pensar.

De las ideas a las prácticas, los modelos describen la relación y el sentido previstos entre enseñar y aprender: “Ningún pedagogo puede a partir de ahora abordar el análisis del acto pedagógico solamente en términos de contenido y de métodos (....); a la actividad se le vuelve a situar en un conjunto que aglutina las relaciones sociales en la clase, las relaciones entre la clase, la escuela, la sociedad, las relaciones de los sujetos con el saber y la cultura.” (Postic, 1982).

El modelo está asociado a este conjunto de relaciones en movimiento: él constituye la línea de coherencia de las acciones, organiza la sincronía de los actores y de las representaciones que los movilizan. Por modelo se entiende una coherencia activa, y no un molde preestablecido, o alguna cosa a copiar.

Se puede describir un modelo, en el sentido de “paradigma sociocultural”, ofrecido por de Peretti (1987), como un “conjunto de creencias, de concepciones o generalizaciones y de valores que comprenden una concepción del conocimiento, una concepción de las relaciones persona-sociedad-naturaleza, un conjunto de valores-intereses, una manera de hacer, un sentido global.” En pedagogía los medios participan de los fines. Los modelos dan un sentido a las diferentes posibilidades de situaciones de enseñanza y aprendizaje coherentes. Los modelos hacen parte tanto del estado de una sociedad, de una cultura y de su escuela, así como de las representaciones que le están asociadas. Esta descripción de lo que es un modelo, nos permite plantear la existencia de un conjunto evolutivo y crítico de los mismos: modelo tradicional, modelo de educación nueva, modelo de dominio, modelo global y de autonomía creciente.














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